EL FRUTO

10:05 Letra Sucia 0 Comments

EL FRUTO


En el bosque artificial los setos se extendían hacia el infinito en filas perpendiculares a lo largo y ancho del huerto. Los frutos, cargados de sol y lluvia, colgaban como joyas, y Radme los iba juntando en una canasta de mimbre. Tenía la fatiga del día sobre los hombros, el sudor del trabajo en la frente y el pecho, y los arbustos la invitaban a acostarse un rato, a disfrutar en sus sombras frescas. Dejó su suerte a la gravedad, que la fue acercando a la tierra, mientras la arrullaba la brisa.

Despertó de golpe y vio la canasta vacía y la cosecha dispersa a su alrededor, vigilando su sueño. Radme vio una mandarina que brillaba entre las otras; redonda, suave y muy olorosa. Enterró la uña del pulgar en el ombligo de la fruta y con cuidado la peló. Los aceites de la cáscara explotaban en su cara y llovían en sus brazos. Los tímidos gajos se iban revelando, jugosos; entre ellos dormía una niña diminuta, con ojos de semilla y mejillas anaranjadas. Radme la tomó con ternura, y el olor cítrico y dulce se le pegó de las manos, se le metió en la nariz y le invadió el corazón. Un susurro se le despegó de los labios, se suspendió un instante junto a la oreja de la niña... “Radni Anam”... y se fue con el viento.


Por: Sofia Cardona

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