Llamadas al pasado - Jeremías Salvaneschi

16:08 Letra Sucia 0 Comments

Llamadas al pasado - Jeremías Salvaneschi 


El empresario textil Guillermo Bebase únicamente creía en su esfuerzo cotidiano, el amor de su
familia y el calor bondadoso que recibía de Dios.
Nada lo movía de su rutina.
Por las madrugadas, cerca de las 4:30 hs salía con su vehículo hacia su fábrica Bebatex en Santos
Lugares en la provincia de Buenos Aires. Compraba su diario deportivo y desayunaba mate cocido con
cuatro medialunas de manteca antes de llegar.
Sus días no eran agotadores. Tenía una base económica fuerte y cuarenta empleados en una planta
textil envidiada por sus pares.
Su pequeña oficina estaba repleta de impactantes imágenes de guerras pasadas. Durante sus ocho
horas de trabajo, no hacia mas que dar indicaciones y leer el diario.
Luego de cada jornada tomaba tranquilamente su auto y volvía sereno a su morada.
Vanessa Noah lo amaba. Estuvo junto a él desde el comienzo.
Se habían conocido en San Carlos de Bariloche el 19 de Septiembre del año 1997 y luego de un
noviazgo de tres años contrajeron matrimonio en la Parroquia San Bernardo en la Costa Atlántica
Argentina.
La relación no fue nada fácil. Guillermo debía viajar todos los fines de semana 345 kilómetros para
poder verla al menos unas horas. Fue un noviazgo sacrificado, pero muy hermoso.
Poco tiempo después de haber contraído matrimonio y luego de varios trabajos en relación de
dependencia, comenzaron a vender dulces artesanales en ferias de abastecimiento barrial que ellos
mismos preparaban durante la noche.
Posteriormente comenzaron a agregar ropas usadas a sus ya tres stands de venta minorista.
Con mucho sacrificio lograron abrir su primer local de indumentaria masculina y juvenil en el Centro
Comercial de Munro en la Provincia de Buenos Aires.
Al año siguiente lograron inaugurar el segundo, con mucho más éxito en las ventas.
Los clientes adoraban la vitalidad y entrega de la pareja, siempre unida y emprendedora.
Gracias a su fiel clientela pudieron dedicar su tiempo extra a la fabricación de prendas y más tarde a
la compra y venta de rollos de telas.
Algunas importadas y otras de origen y fabricación nacional.
El padre de Guillermo no había ayudado mucho en el crecimiento empresarial de la pareja.
Críticas y alejamiento fue todo su patrimonio.
La madre del empresario había muerto en el año 2014 de Cáncer, una enfermedad que se la llevó muy
rápido a sus 56 años de edad.
Desde allí no había visitado más a su progenitor. Sólo llamadas esporádicas durante unos minutos en
la tarde los días viernes.
Los padres de ella vivían en Mar de Ajó en el Partido de la Costa. Cerca del lugar en el que se
habían casado.
Los Noah eran madrileños y habían llegado a la Argentina en el año 1932.
A los pocos meses de estar instalados ya se encontraban trabajando en la construcción de edificios
en La Plata.
Años después y ya en la Costa Atlántica Argentina nació el primer Noah en el país. Luis Mario Noah.
Padre de Vanessa.
Los abuelos de Guillermo eran primos hermanos del centro meridional de Italia y habían llegado
luego de la Segunda Guerra Mundial.
Viccenzo era Alpino y María Antonieta su fiel compañera cuidaba a los niños en la casa.
De esa unión nació la niña llamada Rosa, única hija de italianos nacida en Argentina y madre de
Guillermo Bebase.
Guillermo y Vanessa tuvieron 3 agraciados retoños.
Ayelén, Micaela y Manuel.
Ayelén de 13 años es una niña muy inteligente, amante de la literatura fantástica y de su grupo Scout
San Leonardo Murialdo del que formaba parte desde chica.
Micaela, la pequeña de 6 años dedica todo su tiempo a los juegos instalados en la tablet de su
hermana mayor.
Con problemas de aprendizaje y a punto de pasar a segundo grado, no revela ningún interés en
aprender el abecedario y las tablas matemáticas.
Manuel el niño de 4 años de edad era el más caprichoso y rebelde de los tres hermanitos.
El que más imitaba al padre cuando era pequeño. Tanto en el parecido físico como en el carácter.
Siempre fueron el orgullo de la pareja.
La prueba de ese gran amor.
Por nada peleaban más que por esos pimpollos.
Las meriendas en familia y las charlas en la mesa eran muy valoradas por los pequeños, siendo los
momentos más esperados del día.
Guillermo Bebase era de mediana estatura. Ojos celestes muy parecidos a los de su madre. Pelo
castaño claro y poseedor de un muy buen físico. Por las madrugadas y antes de salir hacia su trabajo,
utilizaba la bicicleta fija y una caminadora para hacer circular un poco la sangre de su cuerpo y
mantenerse en forma.
El cansancio desaparecía cuando él llegaba a su hogar y todos lo abrazaban. Era el momento en el
que se daba cuenta que la vida le había dado una oportunidad irrepetible de ser feliz.
Vanessa era algo tímida. De una sonrisa poderosa y hermosos labios tenues.


Cuando lo imposible se vuelve realidad


La relación de Guillermo con su padre nunca fue espectacular. Más bien distante. Desde el 13 de
Septiembre del año 2014, pocas veces habían vuelto a dirigirse la palabra y si lo hacían era por algo
absolutamente comercial; ya que él había sido chofer en la empresa textil.
Trabajaba en el sector de envíos de rollos de telas al interior del país.
Su hijo todavía le daba un dinero semanal para solventar los procedimientos ligados al cáncer de
pulmón que padecía.
Guillermo también sufría un raro estado biológico llamado Catalepsia, en el cual muchas veces no
respondía a estímulos y entonces bajaba su pulso y su respiración.
Una enfermedad que le había dado más de un dolor de cabeza.
Lo que al empresario realmente lo tenía intranquilo era su cercanía con el cáncer que ya le había
arrebatado a su madre desde la fecha antes mencionada.
Cada año dedicaba tiempo y dinero para los exámenes necesarios para que su organismo y su espíritu
tuvieran reposo.
El llamado telefónico del 21 de Noviembre de 2015 fue un antes y un después en la vida de nuestro
querido protagonista.
Federico, su padre esperaba como todos los sábados que Guillermo llamase para ofrecerle el dinero
semanal.
Bebase se dispuso a llamarlo a las 21.15 hs.
Horario poco habitual para ambos.
Voy a tratar de describir los diálogos y esta historia exactamente como recuerdo.


“La Cajita”


Vanessa ordenó la mesa antes de comenzar a describirme lo sucedido.
Recordaba todo como si el tiempo se hubiera detenido.
Movió muebles algo nerviosa y sacó de un estante alto un sobre de café con chocolate Juan Valdez de
Colombia.
Mientras calentaba el agua de la cafetera, su mente se transportaba al día que su pedazo de cielo la
había conquistado y enamorado para siempre.
Vivía momentos parecidos todos los atardeceres.
En la mesa pequeña del living había una cajita mediana revestida en madera. Tenía un dibujo de una
gran mariposa azul. En ella había diferentes documentos y recuerdos.
Vanessa tomó una rosa artificial que sacó del interior. Un presente personalizado que disfrutaba cada
vez que le echaba un vistazo.
Cartas de cumpleaños. Denuncias policiales. Invitaciones. Recortes periodísticos. Publicidades.
Tarjetas. Billetes y pergaminos.
–Todo lo que sucede a nuestro alrededor forma parte de la vida –dijo mirando una foto en blanco y
negro de su marido.
Comenzó a detallar…

“La llamada”


Era un día normal en sus vidas.
El teléfono blanco del living esperaba junto a la antigua botella de whisky.
Guillermo nunca tenía ganas de dialogar con su padre, pero era algo que debía realizarse todos los
fines de semana.
Federico estaba muy demacrado.
Tomó el auricular.
Apretó el botón de redial y esperó…
–Hola Papá cómo estás? –dijo finalmente.
–Papito cómo te va, Papá salio. Qué necesitas? –contestó una voz suave.
–Mamá? Sos vos?
–Si Guille que pasa?
Guillermo permanecía inmóvil frente al teléfono.
Comenzó a sudar y sus ojos humedecieron.
–No puede ser que seas vos mami. Falleciste el año pasado…
Para ese entonces Guillermo no pudo contener las lágrimas y comenzó a sollozar.
–No hagas esas bromas hijo –dijo Rosa completamente tranquila. Sabes que ni a mí ni a tu padre nos
gustan esos chistes.
Guillermo no pudo contestar. Su llanto se desparramaba para ese entonces por toda la casa.
Vanessa enfureció. Quién se atrevía a molestar a estas horas de la noche a su amado esposo con lo
desanimado que se encontraba.
Tomó el teléfono violentamente y con una furia descomunal dijo.
–Quién es y que quiere a esta hora maleducado?
–Hola querida –Le contestaron dulcemente.
–Rosa?…
Vanessa sintió un puñal en el estómago.
No pudo hacer otra cosa que colgar el teléfono y abrazar a su marido.
Los chicos estaban acostados en el piso de arriba.
Cada uno en su habitación, así que desconocían el llamado y el llanto acongojado de sus
progenitores.
Qué había sucedido?
Que hijo de su buena madre había hecho salvajada semejante?
Guillermo estaba recuperándose de la muerte de su madre.
Sería una burla de Federico o de alguna mujer que se encontrara con él en su casa?
No podía ser.
El respetaba mucho a Rosa como para hacer un chiste de tan mal gusto, además no metería a nadie en
su casa después de lo vivido con Rosa durante toda una vida.
Lo que siguió a esa noche sólo fue llanto desconsolado y un insomnio sombrío y doloroso.

22 de Noviembre del 2015


Este día no arrancó como todos los demás.
No hubo diario.
No hubo desayuno.
No hubo directivas para los peones o encargados de la fábrica.
No fue un día más.
Si bien desde la muerte de Rosa todas las jornadas habían sido un día menos sin ella.
Guillermo necesitaba que ese día terminara rápido.
Meditó mucho.
Su madre necesitaba que fuera a verla al cementerio?
Era una broma de mal gusto?
Lo habría imaginado?
Se estaría volviendo estúpido?
Por más que fuera alguna de esas cosas o todas juntas no obtenía sosiego.
Su madre se había conectado con él.
En la imaginación o no pero él había podido escuchar su voz luego de 1 año y 2 meses.
Eso no era poco.

Cementerio de Vicente López


La recorrida por el camposanto no fue nada agradable.
Los pasillos eran escalofriantes.
Las moradas de los cadáveres parecían copias fieles de sus viviendas mientras estuvieron vivos.
Algunas de ellas excelentemente decoradas con cortinas y ventanas que hacían pensar que los muertos
paseaban por su sepulcro una vez vacío de visitas el tenebroso lugar.
Nunca había sentido tanto miedo.
Guillermo no era un hombre asustadizo.
En el año 2013 se había arrojado desde un avión en paracaídas y entendió que nada podía hacer que
su corazón latiera con fuerza, pero esos ataúdes que se distinguían desde las construcciones funerarias lo
desconcertaban.
Por que Rosa había elegido que la enterrasen?
No le gustaban las flores.
Mucho menos las cruces de mármol o madera.
El nicho de su madre quedaba al otro lado del cementerio y para llegar a él no quedaba otra que
recorrer casi por completo el lugar.
Ya desde 5 metros antes de llegar podía verse su foto. Vestida con ropas de los años veinte y un
collar de perlas que usó en una escuela de teatro en la que actuaba pocos meses antes de morir.
Guillermo no pudo más que tocarla y romper en llanto.
No estuvo más de cinco minutos.
Era mucho para él.
Volvió por los pasillos repletos de muertos hasta llegar a su auto. Casi diez minutos gimiendo hasta
poder dar vueltas la llave de arranque.
Luego de un rato partió hacia su hogar nuevamente.
Vanessa lo esperaba con una infusión relajante de Lúpulo.
–Tomálo y recostate –le dijo emocionada.
No lo hizo en cambio la miró como cuando tiene una gran idea.
–Qué pasa mi amor? –dijo dulcemente.
–No lo sé, pero en un rato lo averiguo –cerró pausadamente mientras se secaba los ojos con la
camisa blanca.

La segunda llamada


Como dije antes Guillermo nunca dudaba en hacer las cosas, pero llegadas las 21:11 hs del 23 de
Noviembre de 2015 su organismo comenzó a tiritar.
El miedo lo atacó y la sola idea de que su hermosa madre le volviera a contestar el teléfono lo
paralizaba.
21:15 hs
Los números ya habían sido introducidos. Sólo restaba esperar…
–Buenas noches. Quien es?
–Mami?
–Hola Papito cómo estás?
–Hola mamá no te das ni una idea lo feliz que me hace oírte.
–A mi también. Cómo estás? Cómo están los chicos?
–Bien ma. Muy bien!!
El rostro de Guillermo era de felicidad extrema.
No había rastro de las gotas de dolor derramadas.
El semblante de Vanessa era de asombro absoluto.
Qué habrá sucedido?
Sobrenatural era seguro. Pero qué era lo que pasaba?
Cómo podía ser que ella le contestara.
Se puede hablar al más allá?
Eso era el más allá?
Será que la muerte es solo la continuación de la vida y que las personas pueden hablar con sus seres
queridos muertos?
En la familia Bebase no había ningún antecedente de algo parecido. En los Noah, según había
hablado con su esposa tampoco.
–Qué es lo que pasa hijo? Continuó Porqué cortaste ayer la comunicación?
–Vos recordás lo que pasó ayer má?
–Cómo no voy a recordar si me quedé toda la noche hablando con tu padre y nos preocupamos
muchísimo. Pensé que te había sucedido algo malo.
–Mami te juro que no puedo creer lo que me decís. Realmente no se si estoy hablando con vos o no
pero estoy muy felíz de escucharte.
–Yo siempre estoy feliz de escucharte Papito.
–Mamá…
Se hizo un largo silencio…
–Qué Guille?
–Te quería decir que te quiero y que te extraño mucho. Sabes?
–Si Papito. Claro que lo sé. Yo también. ¿Cuando venís a verme?…
Guillermo no quería cortar la conmovedora llamada, pero consideraba que con eso era suficiente.
Habían sido meses muy duros para toda la familia y esas últimas palabras le dieron algo de energía para
terminar una jornada que había arrancado ondeada.
El corazón de Guillermo parecía detenerse y a la vez latía cada vez más rápido.
En la cena Guillermo no pudo evitar hacerles una pregunta a los niños.
–Chicos… Extrañan a la Mamuna?
–Claro papá! Qué pregunta es esa? –dijo Ayelén mientras revisaba si había algún mensaje en su
celular.
–No… Les pregunto porque yo no paro de pensar en ella.
–Yo le hice un dibujo– dijo Micaela interrumpiéndolo.
–Y dónde está? –preguntó Vanessa.
–En una estrella –dijo Manuel.
–Debajo de mi almohada –dijo emocionada la pequeña Micaela.
Micaela no tardó más de un minuto en traer su dibujito.
Era una hoja de su cuaderno de clases.
Un cielo celeste. Nubes pintadas de azul con un crayón grueso, Un pequeño sol en el margen derecho
y un pequeño árbol a la izquierda. De un lado de éste estaba ella con una flor roja en la mano y del otro
su amada Mamuna con alas de ángel y sonriendo.
Todos lloraron. Sólo el más chiquito no entendía de qué estaban hablando. En cambio prefería seguir
mirando el ratón Mickey del canal infantil.
Ese día Argentina votaba nuevo Presidente de la Nación, pero a Guillermo no le importaba eso.
Mañana todo el mundo hablaría de la elección. El solo quería reclinarse en su catre y cerrar los ojos
para soñar con su madre.

Transitando lo nebuloso


Ya casi eran las 3 de la madrugada del 24 de Noviembre de 2015. Guillermo no paraba de dar
vueltas por la cama.
Se tapaba.
Se destapaba.
Daba brincos para un lado y para el otro.
Cómo era posible todo esto?
Porqué con las llamadas que él realizaba se comunicaba con su madre muerta en vez de comunicarse
con su progenitor todavía vivo?
Queda claro que no era el único en haberla escuchado.
Qué estaba sucediendo?
Pensó en contarle lo sucedido durante estos últimos días a su psicólogo. Pero realmente todavía no
estaba preparado para hacerlo.
Salió como de costumbre acompañado del crepúsculo matutino. Cerró el portón automático de su
cochera, miró hacia el cielo, hizo la señal de la cruz y luego avanzó agradeciendo al cielo otro día en la
Tierra.
Ni el mate cocido ni las noticias sobre el Club Atlético River Plate lo sacaban de lo sucedido las
otras noches.
Por momentos su mente volvía al día del entierro. Por momentos a los días previos a la muerte en el
Hospital de Clínicas en la Capital Federal.
Sus hermanos también podrían comunicarse con ella?
Les habrá ocurrido algo anormal en estos días?
Desde su oficina lo investigaría en cuestión de minutos.


Hermanos


–Xavier? Sos vos?
–Si Guille cómo te va? Tanto tiempo. No nos hablamos desde…
–Si. Ya se! No hace falta que me lo recuerdes.
–Bueno. Qué pasó hermano?
Un gran suspiro llenó de aire espeso toda la oficina. Los ojos de Guillermo otra vez se habían
bañado de nostalgia.
–Hablaste con Mamá?
–No te entiendo Bro.
–Si hablaste con mami desde su muerte.
–Si.
–Si?
–Si todas las noches le hablo. Le pido que me proteja y que proteja al nene.
–Y te contesta?
–No seas estúpido Guille.¿Cómo me va a contestar?
O era un estúpido o se le estaba aflojando un tornillo.
–Perdón Xavier. Ya no se ni lo que digo.
–No pasa nada.
Treinta minutos hablando de cosas que Guillermo ya no escuchaba. Ya había oído lo único que
precisaba.
Palabras más, vocablos menos. Sus tres hermanas contestaron lo mismo. Antonia se ofreció a hablar
más tiempo con él ya que lo notaba muy perturbado. Jesabel casi no quiso hablar de la madre y Carina
rompió en llanto a los tres segundos de diálogo.
¿Cómo es posible?
¿Podría comunicarse eternamente con ella?
¿Él sólo?
¿Por qué?
Lo sabría durante la oscuridad si es que era posible.
Intentaría llamar antes de las 21:15 hs a ver que acontecía.
Vanessa lo notaba muy exaltado. Ya no quería más comunicaciones telefónicas, pero era inútil parar a
su marido cuando estaba enardecido.
Tenía deseos feroces de llamarla.
Su esposa lo molesta y se mueve ofuscada en la reposera desordenada.
Hay en su interior sensaciones confusas y completamente opuestas. Por un lado necesita decirle algo
que se relaciona con su niñez y por otro lado, tiene miedos que necesita expresarle y que al hacerlo no le
hagan daño.
Ha sufrido diferentes catástrofes a lo largo de su vida. Tan dolorosas que han bloqueado parte de su
crecimiento y lo han formado temeroso y sombrío.
Su esposa ya se deshace en algún sueño.
Guillermo puede escuchar su respiración serena.
No puede más. Tiene que llamar…
Siendo las 4:24 am. Toma tembloroso el auricular y disca dígito a dígito el número de su madre.
4-765-3080.
Un ardor eterno recorre su estómago haciendo ruidos espeluznantes. Sueños estremecedores intentan
cerrar sus ojos e inmovilizar sus manos ensangrentadas de pasado.
La casa parece estar vacía.
No hay sonidos.
Solo despiadado silencio.
Tal vez alguna sirena lejana se escucha afuera en la calle.
Algún silbido.
Algún llanto.
Pero no hay soledad.
Solo murmullos.
Golpes.
Pero todo en otro apartado lugar.
Las paredes blancas del cuarto desmoronan y lo conducen a túneles embarrados de duda y golpes
sordos.
Guillermo se siente pequeño.
Indefenso.
Los pulgares de sus manos ahorcan los cables del teléfono.
Aferran con fuerza las palabras que pretenden salir de él.
La familia descansa en un maremoto de anhelos mientras que su cuerpo se desintegra por algunos
malestares.
Ahora su esposa desliza su cuerpo congelado de pesadillas hacia otro rincón de la cama blanca de
madera.
Los miedos atrapan al sostén de la familia.
Comienza a pensar en esa alocada llamada.
En dónde sonará el teléfono?
Atenderá?
Y la cabeza se le va mucho más adelante en el tiempo.
Le sucederá a él lo mismo cuando sea viejo?
Llegará a viejo?
–Hola!
–Hola quién es a esta hora?
–Yo Guillermo.
Perdón es que no podía conciliar el sueño y tuve la necesitad de llamar.
En ese instante Guillermo se dio cuenta quién le había atendido el teléfono y que no había siquiera
escuchado la pregunta.
–Papá sos vos?
–Y si. Si me acabas de llamar. Qué querés a esta hora. Los chicos están bien?
–Sí. Sí. Me confundí de número perdón.
–Seguro Guille que no pasa nada? ¿Cómo que te confundiste?
–Seguro pá. Andá a acostarte. No pasa nada estoy cansado y no sé ni lo que hago.
Federico no quería cortar la comunicación con su hijo.
El llanto y el dolor agobian los cuerpos de los individuos.
Los transforman.
Los desviste.
Es un ardor gigantesco. Sólo puede ser sanado por una tierna caricia. Por el calor de un beso. Por un
abrazo afectuoso.
Un beso es una de las cosas más bellas de la vida.
Guillermo volvió a la cama y besó suavemente a su esposa dormida y destapada como de costumbre.
Bebase no pudo soñar, un poco por el calor de la noche y otro poco porque extrañaba mucho a su
madre.
Rosa era una mujer grande ya, pero muy joven para irse de este mundo. Su cuerpo ya estaba
consumido por una enfermedad desesperante.
Dueña de una fuerza sorprendente había trabajado hasta el último aliento.
Se desempeñaba como Licenciada en enfermería en el Sanatorio Güemes desde hacía 14 años.
A sus 24 años de edad había perdido a una de sus hijas por Síndrome de muerte súbita del lactante.
Es el diagnóstico utilizado cuando un niño menor de un año muere repentinamente y no se puede
determinar una causa exacta de su muerte.
Nunca pudo recuperarse de aquello.
Era una bella mujer. Guillermo lo repetía seguido.
Había sufrido mucho y esa pronta despedida de este mundo también era un descanso para su dolorida
alma.

25 de Noviembre de 2015 21:15 HS


Los dedos de Guillermo temblaban, tanto que el primer intento de comunicarse fue erróneo.
–Veinti una horas, quince minutos, cuarenta y cinco segundos…
y un asqueroso Pip!! Que lo hizo enojar mucho.
Casi llegando a las 21:16 hs se pudo comunicar con el tan esperado número.
–Mamá!!
–Papito… ¿Cómo estás?
–Bien Mami. Tengo que hablarte.
–Decime.
La voz de Guillermo era temblorosa.
–Mami…
–Si te escucho.
–Mami vos te moriste de Cáncer en los Intestinos el 13 de Septiembre de 2014.
–Que me decís Guille?
–Si Ma no estoy loco. Es muy difícil para mí decirte esto. Pero estuviste sufriendo dolores de panza
y te descubrieron que la enfermedad se había ramificado, le dicen metástasis. Te sacaban cada tres días
un líquido espeso de tu estómago solo para que sintieras alivio, pero ya no estas entre nosotros. Te
vuelvo a decir para mi es muy difícil hablar con vos después de haberte enterrado.
–Pensás que estoy loco no? Te juro que ya no me importa. Te escucho que es lo que me hace feliz.
–No Papito!!! Vos nunca me mentirías con una cosa así pero me resulta muy difícil de creer.
–En que año estamos si es que ya no estoy?
–En el 2015
–Y en que mes?
–Noviembre.
Se hizo un largo y espantoso silencio…
–Mamá estas ahí?
–Si sólo estoy pensando.
–En qué má?
–En que me queda menos de un año de vida si es como estás diciendo mi amor.
–Desde donde te hablo estamos casi llegando al año 2013.
Otro silencio. Acaso más aterrador que el primero.
Pero éste Bebase no pudo soportarlo y cortó otra vez la comunicación.
Guillermo no sabía si había hecho bien en decir estas cosas.
Tendría que esperar hasta la noche siguiente para averiguarlo.
Podría comunicarse cuando quisiera?
Igualmente empezaba a pensar que las leyes de la naturaleza y la fuerza del amor esta vez le daban
una oportunidad única e irrepetible. Volver a hablar de lo sucedido con su mamá.
De algo estaba seguro. Su madre nunca supo que iba a morir en el pasado. Increíblemente una voz
futurista en un aparato de comunicación se lo había dicho.
Ya nada importaba. Ni el trabajo, ni el bienestar familiar.
Nada.
Todo lo que era realidad se había mezclado con el pasado y lo que parecía real era ficticio y lo
ficticio teñía de realidad la vida de nuestro protagonista.
Muchas veces estuvo a punto de desmayarse o de permanecer inmóvil en la reposera, pero el solo
hecho de hablar un tiempo más con Rosa le daba la fuerza suficiente para día a día volver a comenzar.
Todos los días trascurrían más o menos de la misma manera.
Todos.
Hasta la hora de la cena.
A las 21 hs Guillermo se transformaba. Se ponía nervioso. Les contestaba mal a sus hijos y hasta les
pegaba sin motivo.
Muchas veces los mandaba a dormir y no habían hecho nada.
Vanessa se recostaba junto a ellos pero todos se quedaban dormidos muy tristes.
Nada justificaba ese mal humor pero en su cabeza la realidad era la del cementerio y en su corazón
todo lo verdadero pasaba por el audífono del aparato telefónico.


Un choque con la realidad


Guillermo hablaría con su padre Federico lo sucedido con Rosa.
No importaba que lo tratara de demente. Por lo menos de esa manera su conciencia estaría serena.
No era una tarea sencilla.
Estaba muy dolido con lo acontecido. Esperaría unos días hasta entender él primero lo que pasaba.
Estaba horrorosamente aturdido.
Tanto tiempo había soñado con algo tan increíble como escuchar a su madre otra vez.
Ahora que eso se había vuelto real, cometía la estupidez de decirle a su madre que se había muerto.
Estaba algo arrepentido.
Rosa era una gran mujer. Siempre se había caracterizado por su fuerza, bondad y comprensión.
Lo entendería?
Pero su padre?
Lo entendería también?
Sus hijos?
Que debía hacer con ellos?
Los abrazaba muy fuerte. Tanto que Micaela se sintía molesta y casi dolorida por el apretón y hasta
lloraba un rato. Se sentía culpable de sus actos.
Luego de un dilatado suspiro Guillermo mandaba a los chicos a acostarse y poder así hablar
pausadamente con su padre.

...

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