Entrevista con Diana Sierra A.K.A Dianne Gothly

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Entrevista con Diana Sierra A.K.A Dianne Gothly





El encuentro de este mes resultó ser bastante particular, tanto para esta publicación, como para mí. Nuestra invitada, una persona muy especial, que tuve la oportunidad de conocer en condiciones poco convencionales, ya había colaborado con nosotros hace un mes, compartiendo un poco de su contenido, donde pudimos vislumbrar su esencia y su trabajo. A lo mejor, algunos de ustedes ya la conocen (probablemente mejor que yo, pues este fue mi primer acercamiento real con ella).

Quisimos esforzarnos por ofrecer un formato capaz de hacer un poco más tangible la experiencia para todos ustedes, nuestros lectores. Estuve buscando la manera de encarnar un tono conversacional, sin preguntas, sin escaleta, sin grabaciones. Simplemente una conversación abierta, común, en un sitio casual, sin ningún ensayo, ni antesalas. Así, como en la vida. A decir verdad, el encuentro fue increíble y realmente la pasé muy bien. Disfruté mucho haber pasado la tarde junto a Diana Sierra A.K.A Dianne Gothly, la escritora de Skyden, quien amablemente accedió a conocerme y hablar conmigo sin ningún tipo de tabú sobre su libro, sus procesos, la búsqueda editorial, su concepto sobre varios puntos controversiales de la literatura, de la educación y la vida. 

Concretar y llevar a cabo nuestro encuentro, fue la parte sencilla. El conflicto surgió luego, cuando tuve que sentarme y darme golpes de pecho frente al computador, intentando redactar y darle vida al lugar, a la mesa, al clima. ¿Cómo hacerlos sentir ahí?, ¿cómo lograr que ustedes pudieran sentarse a participar de esa tarde y tomar algo junto a nosotros, sin la necesidad de una cámara HD o una grabación de audio en la mejor calidad? La verdad es que se llegó la hora de publicar y no hay nada. Solo una cantidad de ideas y temas discutidos sin ninguna estructura y lo que es peor: Sin ninguna emoción. Así que luego de mucho trabajar mentalmente en el asunto, preferí contarles los hechos como sucedieron… o bueno, como yo los recuerdo, porque como ya dije, nada se grabó.

Después de toda una semana de mucho trabajo de escritorio, de ese que yo detesto, salí el 24 de Marzo a eso de las cuatro, a encontrarme con esta chica con la que había hablado un par de veces por facebook. El transporte: un asco. La tarde hermosa, fresca, con un sol incipiente que salía detrás de las nubes. Cómo si la ciudad estuviera feliz. Llegué a Dimitra, el pequeño restaurante del barrio Laureles en Medellín, donde habiamos quedado de encontrarnos. Entré y me senté en una mesa junto a la baranda que daba a la calle. Sorprendido por llegar, aunque tarde como suele pasarme, esperé durante un par de minutos a mi invitada. El mesero aprovechó ese tiempo para saludarme y ofrecerme la carta. Me preguntó si esperaba a alguien y al enterarse que sí, dejó otra carta sobre la mesa, se puso a la orden con una amabilidad preocupante, dada la pésima cultura de servicio a la que estamos acostumbrados en esta ciudad y se fue. Yo esperé un par de minutos más y finalmente Dianne llegó, con una camisa leñadora de cuadros azules y blancos, su imponente estatura, su cabello negro con flequillo y mechones azules, y una tranquilidad abrumadora, que me hizo dudar de su confesión de ser muy tímida. 

Para empezar, la conversación fue un poco rara. Pero aunque parecieran incómodas las circunstancias, creo que ambos nos sentimos en confianza desde un principio.

―Acabo de ver una cosa horrible. Acabo de ver un tipo que venía cruzando la calle distraído en el celular y un carro lo atropelló, así con toda la intención. ―Ese era yo saludando, con lo primero que me vino a la cabeza. Fue inevitable, me había sorprendido mucho el evento de camino al lugar. No niego que me hubiera gustado parecer un poco menos demente en ese momento. 
―¿Cómo así? ¿Se murió? 
―No, pues no fue que lo atropellara como en las películas, pero sí. El tipo lo vio cruzando, aceleró y ya frenó al final, pero lo tumbó. Se tuvo que haber golpeado duro. ¿Qué clase de persona acelera después de ver a otra persona distraída cruzando la calle? 
―Estamos en el país de los locos ―concluyó Dianne. 

Ambos observamos la carta por unos minutos y luego optamos por un par de limonadas. La suya de coco y la mía de cereza. Creo que para ambos era más importante en ese momento, interactuar y conocernos, así que no nos detuvimos mucho en eso.

Ya entrados en comentarios completamente fuera de contexto y luego de mi particular introducción, Dianne se sintió cómoda para decir en voz alta lo que pensó en el momento. 

―Pues no sé. Una persona como mi vecino… Tengo unos vecinos que quieren que yo los odie, en contra de mi voluntad. Pero, todos los días madrugan a poner música durísimo, a hacer ruido con un balón en el patio. Yo no los soporto. Perdón si sueno misántropa, pero es lo que pasa cuando no te dejan dormir, ni vivir, ni nada.

Yo me reí y eso rompió el hielo. Minutos después Dianne y yo empezamos a intimar y a conversar acerca de lo que fue gran parte de la conversación y de hecho, de lo que era el objetivo de nuestro encuentro. La literatura y su libro Skyden.

―Bueno pues hay mucho que se puede decir acerca del momento que está viviendo la literatura en el mundo y en este país ―dijo poniendo ambas manos sobre la mesa―. Siempre las personas están opinando y criticando; y acusando géneros de ser poco profundos, huecos, tontos y poco interesantes, sin tomarse el trabajo de evaluar de forma objetiva. Sino que lo hacen antes de que se publique. Cuando no conocen siquiera la trama del libro.
―Claro.
―Pero eso sí; los libros más publicados y más vendidos al menos en el país, son: Los de youtubers, los de autoayuda y los de figuras públicas que hacen escándalos y despiertan el morbo de las personas. Si vos estuviste secuestrado o sos un político que pelea con todo el mundo por twitter las veinticuatro horas, entonces las editoriales se matan por publicarte.
―Es verdad ―acepté.
―Con el tiempo ―continuó ella―, he entendido que las editoriales también son un negocio y necesitan de cierto contenido que venda mucho para seguir posicionadas. Que deben ofrecer lo que las personas más consumen en sus países; pero en ese orden de ideas, hay muchos libros de muchos géneros que se quedan por fuera como la fantasía, la ciencia ficción, romántica. Juvenil incluso, aunque parezca haber mucho contenido, solo vemos el género publicado por la misma editorial en otras casas matrices de otros países, pero no en Colombia. Y es peor cuando el autor es colombiano. Porque aquí si hay quien escriba, pero es más difícil ser publicado… Creo que deberían equilibrar un poco la balanza.

Yo seguí en silencio, mirando hacia la calle por un momento, esperando a que Diana continuara.

―Una vez, me dijeron literalmente, que en Colombia no se leía sobre ello y que preferían seguir publicando escritos que abordaran las diferentes realidades del país. Pero por mi experiencia, las personas incluso le piden a las editoriales que traigan libros desde España, de esos que ellos mismos, dicen que a la gente no le interesan.
―Yo siempre he pensado que un autor o su obra no dependen del género ni del lenguaje que usa ―le dije mirando la hora en el celular, cerciorándome de que estuviera en modo avión, antes de que nos enloqueciera a todos con infinitas notificaciones de cosas irrelevantes―. He leído libros repletos de cotidianidad y estructuras narrativas muy minimalistas y digeribles, incluso libros bastante “light” que considero muy buenas obras, con formatos llenos de innovación, muy bien escritos y con tramas geniales.
―Claro. Eso mismo digo yo. El género de un libro no debería ser una etiqueta para generalizar y clasificarlo como una obra estupenda o un libro "basura". Las buenas o malas obras no discriminan géneros y se pueden encontrar joyas incluso en los campos más criticados y denigrados.
―Si. Y también hay que entender, que los gustos son relativos y que hay un público para todo tipo de contenido. Es lo mismo que pasa con la música. La gente critica géneros musicales y se deshace en insultos, pero yo creo que ya es hora de que las personas entendamos, que no todo podemos juzgarlo como si fuera la panacea y la encarnación del arte de la época. Mucha de la música que se produce actualmente no es arte. Pero eso no quiere decir que esté mal o que una persona sea estúpida por disfrutar de ese género en específico. Que alguien disfrute de yo que se… La guaracha, no quiere decir que esa persona la considere la mayor exposición artística. Yo creo que todos esos contenidos son válidos y necesarios en realidad. Porque escondida entre mil de esas propuestas, debe haber una obra de arte y la única forma de que exista es así; permitiéndole a la gente exponerse e inventar y dejando que las personas se enfrenten a un trabajo y lo disfruten, lo critiquen, lo juzguen y todo eso.
―Exacto ―Aprobó Dianne mirando hacia el techo—. Es cuestión de cada quien, igual lo importante para mí, es ser capaz de discernir y ser objetivo. Que escuches o leas algo determinado, no significa precisamente que sea mejor, ni tú superior a los demás por ello.
―Con lo que yo si tengo mi conflicto, es con que nos metan por los ojos que cualquier cosa ahí, es la nueva manifestación de las artes literarias, un nuevo movimiento artístico y que es la panacea, solo porque es el género que se está moviendo más en el mercado. Y que quieran meter todo lo que la gente escribe en el mismo costal. 
―Esa es la cosa ―continuó ella recostando su pie en la base de hierro negro que sostenía la mesa―. Yo ahora que estoy involucrada y me he movido más en ese medio… Una llega al mundo de las editoriales muy novata y súper ingenua. Yo creía que era escribir un libro, mandar el manuscrito y ya. La editorial lo evaluaba, te decían que el libro se publicaría y en poco tiempo la gente podría comprarlo y lo verían en las librerías. Que todo era feliz. Pero no, eso no es así. Las editoriales cada vez son más complicadas y más selectivas. Y no solo eso. Cada vez el equipo editorial está más metido en el contenido de tu libro. Teniendo en cuenta el catálogo y la línea editorial del género al cual apuntas, hacen correcciones, piden cambios de la trama... Ellos también quieren asegurarse de que van a recuperar su inversión. Hay editoriales que te preguntan cosas como ¿Cuántos seguidores tienes en twitter? ¿Tienes página web? ¿Cuánto es el tráfico de tu página? Te ven en función de números y no como escritor.
―Yo sé, es muy triste. Porque es comprensible que piensen como una empresa y una empresa debe generar utilidades. Pero es ridículo que la imposición sea que tu trabajo ya sea conocido y visible en el medio, cuando lo que estás buscando es justamente eso ―le dije―. Las mismas editoriales son las que limitan que nuevos autores se den a conocer.
―Totalmente. Pero bueno finalmente conseguí una editorial y estoy muy contenta por eso. Yo tuve que pasar dos años con el manuscrito de Skyden archivado.
―¿Dos años? ―Pregunté.
―SI. Y llevaba otros dos más buscando editoriales, para otras obras que había escrito. Tuve que escuchar cosas terribles y poco profesionales de algunos editores, aguantar que dejaran los manuscritos abandonados y que nunca los devolvieran en los lugares acordados. O que en el mejor de los casos, ignoraran mis mensajes o me propusieran contratos de co-edición, pero ese no era mi objetivo, ni tenía el capital para ello.
―Claro.
―Sin embargo Skyden sale a la venta en Colombia en Julio. Estoy demasiado feliz y emocionada. Encontré una muy buena editorial, que básicamente es la que quería desde el 2013, cuando empecé a escribir de una forma profesional. Ellos no me pidieron cambios ridículos sobre el libro, la trama, o los personajes para "encajarlo en los libros de moda". Además de que me ha apoyado y consentido bastante. Especialmente mi editor. Ambos tenemos ideas similares, para que sea un gran proyecto y toda una experiencia para el lector. El proceso ha sido de mucho trabajo y eso es lo que las personas en ocasiones no logran dimensionar. Algo así como el detrás de cámaras en las películas. Para llamar la atención de la editorial y demostrarles que Skyden podía vender, tuve que crear todo una propuesta editorial y publicitaria con diferentes estrategias para dar a conocer el libro. Desde el desarrollo gráfico y llamativo de elementos propios de la trama, para que el lector se involucre de lleno en la historia, hasta conseguir el apoyo de personas que tienen reconocimiento en el medio. Para los escritores noveles de literatura, que no tenemos reconocimiento o influencia en los medios, no nos es tan sencillo llegar a eso. 
―Claro. Porque no solo necesitas ocuparte de la forma. Como en los libros de cocina. Donde lo importante es que la foto sea buena y llame la atención y que la receta se vea bien y sea una buena receta. Sino que debes crear algo. Creo que por eso la narrativa es tan compleja. Porque se trata de construir algo y debes tener una trama y saber decir lo que quieres decir y hacer sentir lo que quieres hacer sentir.
―Pero no es solo eso ―se precipitó Dianne, apuntando con el dedo, como si hubiese tocado un punto importante―. Ojalá… Sino que debes dejar algo. Yo soy de las que pienso que un libro debe enseñarte algo, no solo cumplir con la labor de entretener. 
―…
―Eso es lo que nos forma como lectores críticos y analíticos, la oportunidad de aprender y analizar por medio de la lectura. No sé, cualquier cosa. Pero algo tenemos que aprender de lo que leemos. Pienso que para eso lo hacemos. Eso es lo que me aterra de los procesos de muchas editoriales, específicamente con géneros para lectores jóvenes. Están más preocupados por vender, sin tener en cuenta que se dirigen a personas en formación y le restan relevancia a la literatura infantil y juvenil por ejemplo, que lleva siglos existiendo, con grandes representantes. Ese interés comercial desvirtúa el género y lo importante que es; no solo para el mercado; sino en términos de formación. 
―Si…
―Yo leo desde que tenía siete años ―Continuó ella rápidamente―. Es una edad, donde se pueden tomar e imitar cosas de los libros, siendo muy relevantes para nuestra personalidad, nuestra forma de ver el mundo y de interactuar con los demás. Entonces, el mensaje es moralmente ambiguo, si lo que se vende son libros repletos de actitudes malas convirtiéndolas en heroicas, relaciones tóxicas y auto destructivas o de acoso, haciéndolas parecer romántico. Convirtiendo a las mujeres en figuras sumisas o a los hombres en figuras fuertes, donde se les prohíbe demostrar sensibilidad, en vez de sentar precedentes sobre lo malas que pueden ser esas conductas. Eso es lo que van a adoptar los lectores y seguir publicando para ellos, sin medir el daño que pueden causar, hace que estas conductas pasen a ser parte de la dinámica social de las personas.
―¡Uy sí! Muy grave ―Exclamé rápidamente, antes de olvidar la idea que tenía en mente―. Sobre todo porque las editoriales tienen un poder inmenso al ser ellos quienes escogen el contenido que va a ser visible o no para el mundo. Tienen la misma responsabilidad que los medios, la opinión pública, los influencers de internet, los youtubers, etc. Y yo creo que todos ellos deben asumir esa responsabilidad, entendiendo que de una forma u otra, están diciéndole a la masa que está bien y que no. Y están construyendo un enorme porcentaje de la verdad y de lo “normal” o lo apropiado en el mundo.

Miré la hora de nuevo. 15:41. Una mujer castaña de unos 27 años, baja, se acercó con una bandeja redonda y sobre ella las dos limonadas: buenas tardes, nos dijo. Luego descargó la bandeja sobre la mesa. Puso un par de servilletas al lado derecho de cada uno de nosotros y sobre ellas, los vasos de vidrio empañados y helados de las limonadas que sudaban de frío. Al descargarlos suavemente, las servilletas se estremecieron y se arrugaron. La humedad invadió la tarde y el cielo se fue cerrando, hasta esconderse del todo detrás de una cortina inmensa, hecha con las nubes grises de marzo.

Seguimos hablando de muchas cosas. Hasta que llegamos de nuevo al libro. Dianne se enderezó en la silla y comenzó a hablar con propiedad. No era difícil percatarse de la emoción que experimentaba en ese momento. Orgullo. Del más genuino.

―Bueno Skyden trata de muchas cosas. Es una historia de amor y de arte, de dos personas que están lejos, se conocen a través de una página… como una red social, pero de artistas. Porque ambos lo son… Va de salir del abismo en el que caemos cuando nos sentimos derrotados y luchar por nuestros sueños, de deseos de libertad y crecimiento. Hay reflexiones de como vemos el mundo siendo jóvenes, como todo puede afectarnos de una forma más profunda, debido a la edad y la falta de experiencia. Y de mucho amor por el arte. En general en el libro se respira arte. Ellos encuentran la manera de ir de intercambio y conocer muchos lugares juntos. El libro se desarrolla en Canadá, Irlanda, España, principalmente en Barcelona y Valencia; y en Paradise Dreams, que es un país del libro. Un escenario completamente alternativo a nuestra realidad. Lleno de cultura y de diversidad donde cada ciudad representa un tipo de arte específico.
―Aja, sigue―Agregué, antes de que pensara que había perdido el interés. 
―Creo que el libro tiene diferentes ángulos y que habla de muchas temáticas, pero lo más importante, es que yo siento que mi libro logra eso que hablábamos ahora. Es un libro del que se pueden aprender cosas: historia, arte, cultura, e hice todo lo posible para que no fuera como un ensayo cansón de leer para los jóvenes, sino que descubrieran todo ello, de la mano de los protagonistas, como un diario de viajes y que el lector conociera esos lugares con ellos. Que vivieran el libro.

Entonces, la trama me pareció cautivadora. Tengo que decir que aunque la literatura juvenil no es lo mío, la propuesta me pareció increíble. De hecho tuve que llegar a mi casa y devorar los tres capítulos disponibles en su página web. Respecto a eso, tengo varias cosas que decir: Una propuesta narrativa muy limpia y bien construida, una trama interesante e innovadora, un libro que en efecto debió ser un reto intelectual e investigativo, con mucho contenido orgánico, digerible y ameno, del que su público objetivo puede aprender cómodamente y en general veo Skyden como una novela muy juvenil. En el mejor sentido de la palabra. En ese momento, Dianne se ganó otro lector. Pero bueno. Volvamos a la escena.

―Tengo como hambre. ¿Pedimos algo de comer? ―Le pregunté.
―¿Qué pedimos?
―No sé, yo soy medio cansón con la comida. ¿Me dejas buscar?
―Dale.

Entonces estuvimos mirando unos minutos, dando vueltas a la carta y pedimos unas brochetas lo que sea. No me acuerdo. Algo sencillo. Una par de cervezas y el agua trajo la noche en un aguacero acogedor. El lugar estaba casi vacío, pero parecía estar haciéndose más pequeño. Como si el ambiente se hiciera más filial. De más confianza. Justo como la sala de una casa. Fue pasando el tiempo y la conversación giró un poco y entramos en el espinoso tema de la educación.

―Yo siento que hay que tratar de ver con la mayor claridad posible el panorama educativo, y es que, de alguna forma las instituciones parecen estar diseñadas para castrar los procesos creativos de las personas, porque van encerrando las libertades de una manera pasivo agresiva. ―Me rasqué la cabeza y suspiré, porque el tema me resulta todo un ladrillo. Pero recientemente no puedo evitar volcar la mayoría de las conversaciones en ese rumbo―. Es decir. Dentro del sistema educativo nadie te dice “No puedes hacer esto”; pero si te van dando un molde de las cosas y de eso no te debes salir si quieres tener éxito. Esto pasa en la vida, en el trabajo, en la escritura y en cualquier cosa. Te dan un estilo, una corriente, una estética narrativa que es la que se vende. Un formato de libro, un género, una temática. Y si quieres hacerlo bien, debe ser así. Sin desbordar mucho el molde.
―Sabes que últimamente he tenido que vivir mucho eso. Con todo lo que está pasando y todo lo del libro, que ha sido increíble; también me ha tocado aguantar muchos comentarios de las personas como “ahora tienes que ser muy cuidadosa con lo que dices en público”, “tienes que cambiar tu forma de vestirte y maquillarte. Ahora que vas a ser escritora, debes parecer una de verdad”, “deberías cuidarte más con lo que publicas, la libertad de expresión en muchos temas solo es un mito” "Hay cosas que es mejor no opinar sobre ellas sino dejarlas pasar".

Yo me reí y suspiré de nuevo. Porque odio los espacios y los trabajos donde hay que ser políticamente correcto y donde una opinión libre y abierta es un atentado a la ideología de “X” entidad o público.

―Si me ha pasado ―le respondí algo ausente, haciendo un gesto de negación con la cabeza. Era imposible no pensar por un segundo, en todas esas situaciones en las que alguien, ha sido sugerente con la importancia de estar socialmente bien encuadrado―. Es algo injusto, que no entiendo… y tampoco lo comparto. Como si hubiera un perfil de escritor o de diseñador, o de filósofo o de abogado.
―…
―Es verdad ―continué―. Hay ciertos patrones de conducta y ciertos códigos socialmente visibles. Pero no creo que las cosas funcionen con una raya en el piso de la que no te puedes pasar. No es como si fuera una planilla de requisitos que debas ir llenando, para poder ser buen escritor. Ese asunto de la identidad, más allá del derecho, es lo que diversifica el contenido de las cosas. No solo en la literatura, sino en la vida y en todos los campos.

No hay mejor ejemplo de nuestra conversación, que lo diferentes que Dianne y yo nos veíamos. Bastaba con la diferencia de estaturas para chillar en aquel lugar, porque definitivamente en el sentido literal de la palabra, Dianne es una gran mujer. A la larga, creo que lo que ambos estábamos pensando es que: si en ese lugar, esa tarde, no nos hubiéramos sentado dos personas tan visualmente discordantes, a tomar cada uno algo distinto, en las condiciones en las que lo hacíamos. Si no hubiera sido así; cualquiera que hubiera pasado esa tarde por la esquina de la circular 72 con 38, habría visto un Dimitra completamente distinto.

―Mira ―irrumpió ella―. Yo empecé a estudiar diseño de vestuario muy emocionada, pero me encontré con algo distinto a lo que imaginé al inicio. Me llené de muchas dudas y a veces me aburría, por los estándares que sugerían para validar tus proyectos, sin mencionar lo subjetivo que era y que más allá de ser original y creativo, debías encajar con los estereotipos sociales y de moda. 
―Entiendo.
―Estuve con ganas de pasarme de carrera durante un tiempo, aún más, porque era inadmisible que criticara cosas del sistema de moda, habiendo elegido esa carrera. Quería estudiar artes plásticas pero no me lo permitieron. "En este país del arte no se vive y no lo valoran, el diseño te dará de comer y para vivir”. Creo que olvidaron la parte de que debes tener también muchos contactos y más en esta ciudad, que todo es influencias. Sin embargo, con el tiempo le cogí mucho amor a la carrera. Ahora no me imagino viviendo sin diseñar o escribir.

Yo asentí con la cabeza y luego giré a la derecha para ver a la joven mesera acercarse con el pedido “buenas, con permiso” nos dijo, mientras ubicaba con delicadeza toda la indumentaria: Un servilletero plateado, un juego de vinagrero y aceitero de cristal con la boca metálica, el plato, dos vasos y las dos botellas de cerveza.

―Gracias ―Dijo ella sonriendo y continuó―. Finalmente me pude centrar y especializar en lo que quería, intentando mostrar y argumentar mi forma de ver el mundo y de diseñar. Pero en muchas cosas la sensación era esa: sentir y tenerme que adaptar a un montón de estereotipos impuestos y todos esos conceptos de moda. Patrones muy rígidos, cosas muy monótonas, donde si no vestías de cierta forma "muy fashionista" no encajabas en la carrera. La verdad, yo hasta creo que si me hubieran dejado pasarme de carrera, nunca me habría convertido en escritora. En cierta parte, yo creo que empecé a escribir para liberarme, expresarme y encontrarle sentido a todo lo que vivía y quería vivir. Escribir se convirtió en mi refugio. En un ejercicio catártico.
―Conozco perfectamente la sensación. 

Mientras más conversábamos, más entraba la noche y más historias contábamos de los años de universidad, más se esforzaba la lluvia por tocarnos. Finalmente tuvimos que ceder y cambiarnos de mesa.

―Entonces… Sí, volviendo a lo de los libros. Así como hay géneros y autores, como en el caso de la literatura juvenil, que son devaluados en una campaña de desprestigio gigante, a pesar de que sea un género con grandes exponentes, incluso clásicos; también hay autores y géneros que están sobrevalorados ―retomó. 
―Y muchos otros muy buenos que se pierden en las intenciones comerciales de sus editoriales. Autores excelentes que son tan exitosos, tan aclamados y tan vendidos, que sus mismos promotores y sus propias editoriales, te matan por completo el interés de leerlos.
―Como Bukowski. Que se convirtió lamentablemente en el ídolo literario de muchos que se creen superiores a otros solo por leerlo a él, o por postear frases suyas en redes sociales. Diferente obviamente a quienes lo leen con pasión sin necesidad de presumirlo.
―Y como todos los clásicos que te hacen leer en el colegio. Son libros traumatizados, libros que probablemente, nunca más estén en la lista de libros de nadie ―Afirmé.
—El problema de los clásicos, es que los abordan como una imposición y sin una adecuada estrategia para hacer su lectura más amena en la etapa escolar. Es fundamental leerlos; pero como vas a imponer clásicos, a chicos que ni siquiera han tomado la lectura como un hábito que disfruten, ni han tenido un proceso lector con libros previos inherentes a su desarrollo. Están dando todo por sentado y hasta le restan importancia a los procesos lectores. Por ejemplo el aprendizaje mediante los libros ilustrados, los debates de temas tácitos en los libros infantiles...

Yo pedí una segunda cerveza, pero Dianne pidió un té caliente de fresa y kiwi. Por esta escena, toda la tarde de ambos valió la pena. La mesera trajo su bandeja con una tetera minimalista, blanca que echaba humo a borbotones por el cuello. La puso sobre la mesa, junto con un vaso de cristal con doble fondo y al lado, el sobre de té que Dianne ya había escogido previamente. Ambos vimos la tetera por un momento. Ella dejó caer el contenido del sobre en el vaso y luego comenzó a llenarlo con el agua de la tetera, que se coloreó rápidamente de un cereza intenso y se iba aclarando cuanto más agua caía, dejando un rastro de color que jugaba en el agua hasta desaparecer. Estuvimos hablando un momento de lo especial que se veía, mientras mirábamos el vaso. Luego hablamos un poco de algunos autores y sus estilos. De la fluidez narrativa, de lo ligero. De lo importante de ser contundente sin abandonar la estética. De lo diferente que escribimos unos y otros. De las grandes frases.

Habíamos pasado una tarde muy divertida y estábamos disfrutando de los últimos sorbos de nuestras bebidas, cuando apareció un loco sin camisa por la baranda junto a nuestra mesa. Nosotros no reaccionamos y él no se interesó en nosotros tampoco, pero quizás resultó un poco molesto para el grupo de la mesa del lado y cuando el mesero se acercó para pedirle que se fuera, el tipo se sobresaltó y comenzó a gritar todo tipo de insultos. Dianne y yo nos quedamos mirando sin entender mucho lo que pasaba. Y luego el personaje dijo: "Agradezca que yo soy la nobleza encarnada porque sino…”

―¿Qué mierda dijo? ¿Dijo nobleza encarnada? Jajaja… No puedo creer esto.
―¿Nobleza encarnada? Ok. Esto es lo último que yo tenía que escuchar en la vida. No puedo evitar pensar en Jesús.
―Yo no puedo evitar pensar en una uña del pie. 

Ambos reímos y cuando el tipo estuvo lejos, dejando completamente descolocado el ambiente del lugar, aprovechamos para terminar y pedir la cuenta. En ese lapso, perdimos el hilo de la conversación y comenzamos a hablar de otras cosas. Nos fuimos del lugar conversando mientras Dianne me compartía su concepto del apoyo al arte en este país.

―Mira, yo creo que acá somos un poco hipócritas con la escritura ―dijo acomodándose la manga de la camisa, aun saliendo del lugar―. Porque siempre se están gestionando campañas ofreciendo la lectura y las artes como una salida de muchas cosas; de los conflictos, de la pobreza, de la violencia etc. Pero somos pésimos apoyando realmente a las personas que quieren generar contenidos y que perseguimos e intentamos hacer arte de alguna forma menos convencional a nuestras raíces o historia. Y no respaldamos a los verdaderos escritores que quieren surgir, a menos que se trate del tipo de temáticas y géneros que ellos no quieren abandonar simplemente porque son el estigma de cada día de nuestro país… Como lo que hablábamos de las editoriales. Muchos escritores, por ejemplo, buscan diferentes sellos editoriales y lo que más encuentran, son puertas cerradas, evasivas, rechazos. Pero en el momento que se convierte, de algún modo en un autor ya publicado y de renombre; en ese momento empieza una cacería editorial para quedarse con él. Cuando antes ni siquiera confiaron un poco en su talento. Muchos incluso buscan oportunidades en editoriales de otros países.
―Sí. Como con García Márquez.
―Como muchos. Es triste. Pero mira que en Colombia, conseguir libros de muchos géneros es difícil. Muchos ni siquiera están en el país y tardan meses y hasta años en llegar acá, sagas que dejan incompletas... Y mira países como España. Ellos tienen muchos sellos editoriales muy buenos y muchos sellos independientes de muy buena calidad, que impulsan y le apuestan a escritores y artistas jóvenes y desconocidos. Al género juvenil, fantástico, a la ciencia ficción. Incluso últimamente están apostando demasiado a la literatura en otros formatos con las novelas gráficas y los libros ilustrados, donde valoran al escritor y al ilustrador por igual. Aquí lamentablemente he escuchado muchas veces opiniones que descalifican las editoriales independientes; cuando muchas de estas, también están generando grandes proyectos y siendo igual de visibles en el mercado. 
―…
―Sí, es cierto que ahora tenemos muchas alternativas y diferentes medios de acceder al contenido y de publicalo. Internet lo cambió todo y ahora puedes leer en digital, comprar por Amazon, tener una Kindle. Pero lo que quiero decir es que aquí aún no tenemos tan arraigada la costumbre de las compras digitales al menos en cuestión de libros, el uso de una kindle no es tan común como en otros países. Por lo tanto debemos ceñirnos a lo que nos ofrece el mercado Colombiano. Sin enfatizar en el hecho de que aunque en Colombia si se lee, igual el porcentaje de lectura sigue siendo muy bajo como para invertir en un dispositivo especializado para la lectura.
―Claro ―agregué. Y volví a callarme para que ella continuara.
―Tampoco ayuda el impuesto al libro tan alto… Es muy difícil comprar y disfrutar lo que no conocemos. Exigir a las personas que lean más e intentar incentivarlos, cuando gran parte de la oferta y la publicidad la invierten fuertemente en lecturas efímeras que pocas veces van a generar amor por la lectura y la creación de un hábito, no tiene sentido. Sí, hay una oferta variada de libros, tampoco digo que no haya de donde escoger, pero infortunadamente, las editoriales dan más visibilidad a esos contenidos, a pesar de tener grandes exponentes de literatura universal en sus catálogos. Igualmente pasa con géneros como la literatura infantil, juvenil, la fantasía, que se publican cantidades de libros y se realizan cantidad de traducciones, pero aquí traen pocas y algunas de ellas con una baja calidad literaria. Puede ser injusto y a veces fuera de lugar compararnos con otros países y otras culturas, pero también debemos avanzar. Seguir su ejemplo sería un primer paso. 

Ambos callamos un momento. Caminamos, mientras Dianne terminaba su idea y finalmente llegamos a su casa, que quedaba a unas cuadras del lugar. Ahí aproveché para pedir un taxi y despedirme de ella. Ambos parecíamos bastante satisfechos y contentos por habernos conocido. Creo que pude irme del lugar con una idea muy general, pero muy diciente de esta escritora y diseñadora. Creo que la publicidad sobra y creo que de la mejor manera posible, ahora ustedes y yo conocemos básicamente lo mismo de ella (Ese es el poder de la narrativa. El poder al que Dianne le apuesta). Pero independientemente de cualquier cosa, considero que una persona que se atreve a perseguir y atrapar una oportunidad por algo en lo que cree y que desea conseguir, merece sin lugar a duda la oportunidad de que su voz sea escuchada, o leída en el caso de Diana Sierra A.K.A Dianne Gothly.

Agradecemos enormemente a Diana Sierra por compartir un poco de su espíritu con nosotros y abrirnos las puertas de su casa y las páginas de su libro, dejándonos conocer un poco sobre su trabajo y sobre todo, le agradecemos por permitirnos acercarlos a todos ustedes a su obra. A Dimitra y todos sus empleados por su atención tan especial y por brindarnos un espacio en el cual compartir una tarde tan entretenida, llena de alternativas gastronómicas deliciosas y auténticas. Por la buena música y la buena vibra.





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