Impávido

15:30 juan jose pelaez villada 0 Comments

Es así, como quedamos todos.
Rostros vacíos, su forma, su tedio.
Cargan deseos a sus hombros, pesan, pues lidian con el atropellante hecho de no ser realidad.
El tiempo pasa lento, la multitud es un montón de paredes móviles entrometiéndose en nuestros pasos.
El sol quema nuestros gestos, pega fuerte en nuestro cuerpo, ilumina nuestro rincones, ese lugar donde se acumulan nuestras sombras.
Apretados, como en un lata, todos empujan buscando el mejor lugar, manos arriba y abajo, aferrados, para no caer entre la densidad humana.
No hay movimiento, porque no hay hacia donde moverse, ni los saltos nos liberan de estar pegados a lo terreno.

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