Confesión de la mente

16:00 Samuel Herrera 0 Comments

La mente en su estructura, es infinita, compleja. Es intangible y está llena de recovecos. Tratar de entender la mente humana, es tratar de entender el universo y todos los universos contenidos en él. Nos pasamos la vida pensando y corregimos el método día a día. Madurando la composición de aquello que tenemos en la cabeza, sin entender siquiera cómo es que esto sucede. 

Cuando se habla de este asunto de la mente, la mayoría es incierto y hay mucho por abarcar en todos los campos: Ciencia, arte, fe. Y es paradójico como mientras se intenta comprender el fenómeno de la psiquis, esta se sigue construyendo sin detenerse un solo segundo. Absorbiendo del medio; un medio que para complementar la paradoja, se sostiene sobre una red inagotable de estructuras mentales.

Así que, si. Aunque la idea sea de cierta forma aterradora, estamos aprendiendo y en un contacto constante con los pensamientos de otras personas. Gente que en su mayoría no conocemos ni conoceremos nunca. Pero una cosa es cierta con respecto al pensamiento; y es que: A pesar de no entender cómo funciona nuestra mente, si se quiere, se aprende a ponerla en marcha. Aprendemos a hacerla crear.

A la larga. Aunque no entendamos, descubrimos el principio. Nuestra mente, en todo caso, es como un reloj de arena. Es un elemento sencillo y estable, aunque delicado. Que cada vez está fluyendo de manera diferente. Pero debe ser precisa, debe estar intacta. Mientras permanezca así, solo hará falta ponerla de cabeza para hacerla funcionar. 


Samuel Herrera Rodríguez Z.

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