Luisa Valenzuela

09:30 Letra Sucia 0 Comments

Fotografía por: Triunfo Arciniegas

Periodista, cuentista e importante novelista Latinoamericana.

Incursionó en la escritura a los 17 años cuando comenzó a escribir y publicar para periódicos, como Atlántida y El Hogar. También trabajó en radio.

En 1969 consiguió la Beca Fulbright en la Universidad de Iowa, donde escribió El gato eficaz.

En 1979 se mudó a USA por diez años donde escribió y publicó varias de sus obras.

Fue Escritora en el Center for Interamerican Relations.

Fellow del New York Institute for the Humanities.

En 1989 volvió definitivamente a Buenos Aires, donde terminó sus novelas Realidad nacional desde la cama (proyectada como pieza de teatro pero terminada en forma de novela) y Novela negra con argentinos.

Sus cuentos fueron reunidos en la compilación Cuentos completos y uno más.

A su largo recorrido como novelista se suman títulos como: Cola de lagartija, Novela negra con argentinos, La travesía, El Mañana, Cuidado con el tigre, La máscara sarda y El profundo secreto de Perón.


Visión de reojo



La verdá, la verdá, me plantó la mano en el culo y yo estaba ya a punto de pegarle cuatro gritos cuando el colectivo pasó frente a una iglesia y lo vi persignarse. Buen muchacho después de todo, me dije. Quizá no lo esté haciendo a propósito o quizá su mano derecha ignore lo que su izquierda hace. Traté de correrme al interior del coche -porque una cosa es justificar y otra muy distinta es dejarse manosear- pero cada vez subían más pasajeros y no había forma. Mis esguinces sólo sirvieron para que él meta mejor la mano y hasta me acaricie. Yo me movía nerviosa. Él también. Pasamos frente a otra iglesia pero ni se dio cuenta y se llevó la mano a la cara sólo para secarse el sudor. Yo lo empecé a mirar de reojo haciéndome la disimulada, no fuera a creer que me estaba gustando. Imposible correrme y eso que me sacudía. Decidí entonces tomarme la revancha y a mi vez le planté la mano en el culo a él. Pocas cuadras después una oleada de gente me sacó de su lado a empujones. Los que bajaban me arrancaron del colectivo y ahora lamento haberlo perdido así de golpe porque en su billetera sólo había 7.400 pesos de los viejos y más hubiera podido sacarle en un encuentro a solas. Parecía cariñoso. Y muy desprendido.

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